sábado, 17 de enero de 2009

final

Si discutes con alguien lo habitual es que aquello acabe en gritos y recriminaciones.Y luego terminamos echándole la culpa al maestro armero.Ni siquiera somos capaces de asumir una responsbilidad tan simple como ésta:en una dicusión he diicho cosas que no debería y lo mejor que puedo hacer es disculparme.
Y otras veces nos sentimos tan mal con nosotros mismos por culpa de azares de la vida que nos sentimos impulsados a provocar riñas.No ganamos nada,sino al contrario,pero estamos tan mal que paradójicamente es lo único que nos hace sentir menos doloridos:haciendo daño a los demás.
Y podemos estar seguros de que nuestro objetivo se cumple cuando todos los amigos que hemos ido haciendo a lo largo de los años se cansan de nuestra actitud , acaban por dejar de llamarnos para quedar ,e inventan excusas cada vez menos creibles cuando los llamamos nosotros.
Podriamos pensar que esto no es así si discutimos con una sóla persona en una semana por haber tenido un mal dia.El problema es cuando no encontramos a nadie con el que no hayamos cruzado unas palabras más fuertes de lo que la ocasión merecía.
El resultado,invariablemente, es que nos quedamos solos.
Y mantener siempre contra viento y marea tu posición a veces no es un acto de valentia,sino un suicidio social.
El que quiera tener entre sus amigos a alguien que te deja en evidencia delante de terceros con frases como"¡que te calles¡"ó"porque yo lo digo" que levante la mano.
Yo paso
Con mi madre ya tuve bastante

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